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10 de junio de 2010

Nuevamente Stefanoni y el pachamamismo

Hugo Blanco
Publicado en Lucha Indígena

La vanguardia en el desarrollo de la lucha contra el sistema en el continente indudablemente la ocupa el movimiento indígena.

A pesar de la educación que todos hemos recibido: Que son culturas primitivas que hace mucho tiempo fueron superadas con el desarrollo de la humanidad, cada vez más gente de la que lucha contra el sistema constata esta realidad irrefutable.

El sistema, sabiendo el peligro que implica para él la extensión del respeto y solidaridad que estas luchas despiertan en los pueblos no indígenas del mundo, hace esfuerzos por combatirlo, apelando a los prejuicios sostenidos por él.

No nos sorprende que así lo haga ni que la población domesticada por él nos desprecie. Pero sí me alarmó cuando vi en páginas rebeldes de internet el artículo racista del “progresista” Stefanoni.

Comencemos por el título: “¿A dónde nos lleva el pachamamismo?”. El término Pachamama (Madre Tierra o Madre Naturaleza) tiene profundas implicancias para nuestra cultura. En los últimos años, repito, los pueblos indígenas se han puesto a la cabeza de la lucha contra la depredación de la naturaleza que hace el sistema gobernado por las grandes empresas multinacionales, del cual la mayor parte de los gobiernos no son sino sus sirvientes. Viendo eso, quienes actúan contra el sistema, apoyan nuestra lucha, precisamente usando el término de naturaleza en mi idioma que no es más que uno de los muchos de nuestros pueblos: Pachamama.

Cito a la célebre ecosocialista catalana Esther Vivas: “Asimismo, hay que integrar las demandas de los pueblos originarios, el control de sus tierras y bienes naturales, y su cosmovisión y respeto a la “pachamama”, la “madre tierra”, y la defensa del “buen vivir”. Valorizar estas aportaciones que plantean un nuevo tipo de relación entre humanidad y naturaleza es clave para enfrentar el cambio climático y la mercantilización de la vida y del planeta.” Esa palabra es nuestra bandera de lucha. Y es esa palabra la que él usa en términos despectivos, denigrándola.

Que funcionarios gubernamentales y ONGs la usan para fines contrarios a los nuestros, es cierto, precisamente la usan sabiendo la gran implicancia que tiene para nuestros pueblos. Estoy de acuerdo en denunciar ese uso espurio, esto no implica denigrar algo sagrado para nuestros pueblos. Pero ese es sólo el comienzo del combate de Stefanoni a nuestros movimientos. Luego viene el desprecio por nuestra lucha, por nuestra agricultura ecológica, por lo que se ha dado en llamar “buen vivir”. La lucha por la recuperación de nuestra identidad es calificada como construcción de un gueto y por último nos descalifica en la lucha por un cambio de sistema.

La respuesta de Stefanoni a mis críticas es una no respuesta.

Él dijo “Muchos de los errores oficiales en la cumbre no son ajenos a haberle entregado a los pachamámicos la temática del cambio climático” Le respondí: “Nadie ha entregado a los indígenas la temática del cambio climático, son ellos quienes día a día vienen luchando y muriendo como en Bagua, Perú, en defensa de la Madre Tierra y contra la contaminación ambiental que produce la acción de las grandes empresas multinacionales. En estos momentos los indígenas ecuatorianos han pasado a la oposición al “Socialismo del Siglo XXI” de Correa por su política extractivista.” Si se refiere al presidente “Morales luego de su correcta intervención en Copenhague, que precisamente concordaba con el sentimiento de los 100, 000 que protestaban ante la inacción de los gobiernos, fue el único presidente que convocó a la cumbre no sólo a los indígenas sino a la población mundial”.

No responde si insiste en que alguien les entregó la temática de la defensa de la naturaleza o reconoce que fueron los indígenas quienes con su lucha ganaron ese lugar o si Morales fue o no el único presidente que convocó a una reunión sobre el cambio climático. Critico que no señala la importancia de las luchas indígenas en defensa de la naturaleza y que opina que más autoridad que ellos para encabezar la defensa de la naturaleza son quienes reciclan la basura: “En Europa hay mucha más conciencia del reciclado de basura (incluyendo los plásticos) que en nuestro país, donde en muchos sentidos está todo por hacer, y un ecologismo informado –y técnicamente sólido- parece mucho más efectivo que manejar el cambio climático desde una supuesta filosofía originaria, a menudo una coartada de algunos intelectuales urbanos para no abordar los problemas urgentes que vive el país”.

No responde si continúa considerando que en la lucha por la defensa del medio ambiente el reciclado de la basura es más importante que batallas como la de Bagua. Él señaló: “Yo nunca vi, pero quizás me equivoque, un bloqueo por el “vivir bien”. Le respondí: “En el Perú las batallas mencionadas en defensa del medio ambiente, son dadas por el “buen vivir” en contra de la escuela que nos da el capitalismo de “ganar más dinero en el menos tiempo posible”, hace poco una mujer combatiente declaró: “no voy a comer oro”.” Es a lo único que me contesta: “Otras críticas (Hugo Blanco) apuntan a que sí hay luchas por el “vivir bien”, por ejemplo, frente a la minería tóxica. Y es cierto, pero también es cierto que en Argentina esas masivas y combativas luchas contra las transnacionales y el modelo extractivista son protagonizadas también por comunidades modernas y occidentales que no quieren que sus pueblos sean envenenados con cianuro”.

Afortunadamente reconoce que “es cierto” y señala que esas luchas también son desarrolladas por comunidades “modernas y occidentales”. No desconocemos eso, no dije que eso no fuera así; considero, por ejemplo, que indígenas y no indígenas tenemos mucho que aprender de la inteligente y creativa lucha de la población de Andalgalá en Catamarca, Argentina.

Él dijo: “El debate sobre la descolonización no puede dejar de lado la tensión entre la supervivencia del gueto (bajo la forma de la preservación de la identidad y la cultura ‘ancestrales’ o de las teorías del indio ‘buen agricultor’)… Le respondí que el reivindicar nuestra identidad indígena no implica “la supervivencia del gueto” y señalé varios ejemplos, él no contesta, no dice si insiste en que reivindicar nuestra identidad implica o no la supervivencia del gueto.

También le respondí que efectivamente somos buenos agricultores, que trabajamos la tierra sin deteriorar el medio ambiente a diferencia de la “moderna” agricultura usada por las grandes empresas agrícolas multinacionales que asesinan el suelo con la monoproducción, los transgénicos, el uso de agroquímicos y que han inventado el “terminator”, la maravillosa semilla que no germina. No dice ninguna palabra al respecto, no se sabe si reconoce que la agricultura indígena (y del pequeño campesino no indígena) es mejor para la naturaleza o considera que lo es la agricultura “moderna” de las multinacionales.

Afirma: “La pose de autenticidad ancestral puede ser útil para seducir a los turistas revolucionarios en busca del “exotismo familiar” latinoamericano ….. pero no parece capaz de aportar nada significativo en términos de construcción de un nuevo Estado, de puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo, de discusión de un modelo productivo viable o de nuevas formas de democracia y participación popular”. Su generalidad “filosófica” no da ninguna pista sobre la superación del capitalismo dependiente, el extractivismo o el rentismo, ni sobre la construcción de un nuevo Estado”.

Refuté esta afirmación, pues las luchas indígenas no son sólo en defensa del medio ambiente sino también en defensa de su organización colectivista, auténticamente democrática, lo que precisamente significa defender los embriones de lo que en occidente se denomina socialismo, pero que los indígenas no le dan ese nombre pues a veces están luchando en esa defensa contra gobiernos denominados “socialistas” como lo fue el de Bachelet y ahora lo es el de Correa, puse el ejemplo de Chiapas (donde desde hace más de 15 años están construyendo un poder alternativo al capitalismo) y otros. ¡Ni una palabra de respuesta a esto, ni negativa ni positiva!
Es necesaria una respuesta que sea verdaderamente respuesta.

7 de junio de 2010

29 de marzo de 2010

Indígenas luchan en defensa de la Madre Tierra y de su organización colectiva

Por Hugo Blanco


La población indígena de América viene luchando desde hace más de 500 años en defensa del medio ambiente y de su organización social colectiva. Con la embestida del neoliberalismo, tanto a la naturaleza como a su organización, esa lucha se ha agudizado.

En todos los países donde existe población indígena, ésta viene luchando fuertemente en defensa de la Madre Tierra, contra los ataques de empresas petroleras, mineras, madereras, etc. También la agroindustria es enemiga del suelo y de la población, pues mata el suelo con el monocultivo y el uso de agroquímicos, superexplota a sus trabajadores y en general produce para la exportación, entre otras cosas, biocombustibles para alimentar a los carros. Otro ataque es la construcción de represas, hidroeléctricas, aeropuertos, carreteras, etc., para servir a las empresas dañando a los pobladores.

La masacre de alrededor de 200 (la cifra oficial es 10) nativos amazónicos peruanos en Bagua, cuyos cadáveres fueron incinerados por la represión, causó indignación internacional. También hay triunfos, como el de Tambogrande que impidió a la empresa canadiense Manhatan extraer el oro que se encuentra bajo la población. En Chile, el gobierno “socialista” reprimió a los mapuches que defiende la Madre Tierra con leyes de Pinochet. En Argentina, Andalgalá y otros pueblos luchan valientemente en defensa del medio ambiente. De Guatemala informan que cientos de miles de indígenas luchan contra la legislación sobre minería. En EEUU, los indígenas se oponen a la minería de uranio que daña a “La gran abuela” (el Cañón del Colorado). En Columbia Británica, Canadá, los indígenas luchan contra la irrupción de construcciones en su territorio para las olimpiadas de invierno.

El ataque del gran capital no es sólo contra el medio ambiente. Sabiendo que la organización colectiva es el arma de defensa de los indígenas, también a ella van dirigidos los ataques. La legislación anti-comunidad indígena fue casi simultánea en México y Perú. Los decretos ley anti-indígenas del presidente peruano son contra el medio ambiente y contra la comunidad indígena.

Precisamente esto refuerza la construcción del poder colectivo indígena.
El ejemplo más avanzado de la lucha indígena por construir su poder autónomo es el de la zona liberada de Chiapas, México. Quien gobierna es la colectividad, eligiendo las autoridades sin que se presenten candidatos. Los miembros de los cuerpos colectivos elegidos, no ganan sueldo por esa función y pueden ser removidos en cualquier momento. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) resguarda a la población de esa zona del ataque gubernamental, sus miembros están impedidos de participar de los organismos de gobierno. Ahí funciona una verdadera democracia. Desgraciadamente esta palabra ha sido tan prostituida desde que nació para denominar la dictadura de los machos griegos contra las mujeres y los esclavos, hasta la denominación actual de los gobiernos del gran capital contra la mayoría de la población, que me cuesta usar ese término. Chiapas es el caso más avanzado pero no el único.

En Cauca, Colombia, según palabras de Raúl Zibechi. “Se trata de 14 resguardos que ocupan unas 191 mil hectáreas (…) en los que viven 110 mil personas (…). En total son 25 mil familias distribuidas en 304 veredas o comunidades rurales (…). En esos territorios existen 18 cabildos, autoridad política indígena que convive con los municipios del Estado colombiano. Los cabildos son administrados por gobernadores nombrados por grandes asambleas y acompañados por alguaciles elegidos en cada una de las veredas. El cabildo, es un poder territorializado que debe convivir con otros poderes que pugnan por reducir su influencia: básicamente, militares y guerrilla.”

En Ecuador, fueron los indígenas con sus manifestaciones multitudinarias quienes aplastaron las actitudes obstruccionistas de la derecha, entre ellas la pretensión mediante el Parlamento, de impedir la realización de la Asamblea Constituyente. Los indígenas afianzaron el gobierno de Correa. Ahora ellos se alzan frente a Correa defendiendo sus territorios del daño que produce la extracción de petróleo, además dicen que la ley de aguas les arrebata derechos, la disputa se extiende al terreno educativo pues exigen ser ellos quienes nombren a los maestros en su territorio e impiden el ingreso de agentes gubernamentales que pretenden entrar para dividirlos. Argumentan, con toda razón, que aplican la nueva constitución ecuatoriana, que reconoce que Ecuador es un estado plurinacional. Esto refuerza la construcción de un poder democrático autónomo. En Bolivia, donde las elecciones todavía son al viejo estilo que no es democrático y donde a los indígenas sólo les corresponde una ínfima minoría de representantes, hace pocos días los indígenas de Beni eligieron al estilo indígena, por consenso, a dichos representantes.

En Honduras, del 12 al 14 de este mes, se realizó el “II Encuentro Nacional por la Refundación de Honduras”, al que concurrieron más de mil delegados.

El principal pivote organizativo fue el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). Fueron los indígenas quienes alimentaron a los asistentes. “No traen lo que les sobra; traen lo que tienen”, dijo la dirigenta Berta Cáceres, cuando llegaban hombres y mujeres de las comunidades con bolsas de maíz, frijoles, café y frutas, para la cocina colectiva. Berta, en nombre de la organización indígena, insistió en que, puesto que en Honduras no existe un gobierno legítimo, el pueblo debe elegir desde la base, sus autoridades.

En el Perú, la masacre del 5 de junio en Bagua reforzó el poder indígena de varias poblaciones amazónicas que tienen puestos de control de quiénes entran a sus territorios y hay comisarías sin policías, quienes temen volver a ellas.

En la sierra, las “rondas campesinas”, organizaciones de autodefensa contra los ladrones de ganado y de justicia interna, surgidas a raíz de la corrupción de jueces y policías, en un principio fueron perseguidas por el sistema, pero ante su multiplicación, tuvieron que reconocerlas legalmente y darles facultades para el ejercicio de justicia a nivel inferior.

Donde hay poblaciones indígenas, ellas tienen organización comunal, más o menos democrática, con mayor o menor fuerza frente a las autoridades del sistema.

TAREA DE LOS REVOLUCIONARIOS
La lucha contra el capitalismo por ser un sistema injusto tiene más de cien años, los revolucionarios de mi tiempo pensábamos que si nosotros no alcanzábamos a derribarlo, lo harían las generaciones futuras.

Ahora vemos que eso es falso: Si las actuales generaciones no derribamos al capitalismo, éste, con su ataque a la naturaleza, exterminará la especie humana, mejor dicho, ya comenzó a exterminarla, fundamentalmente con el calentamiento global producido por la emisión de gases de invernadero: En mi región, Cusco, ya hubo decenas de muertos por los aluviones producidos por el calentamiento. Una isla de la bahía de Bengala desapareció bajo el agua. El huracán Katrina mató mucha gente en Estados Unidos, En África tienen que caminar kilómetros para conseguir agua. El invierno pasado fue excesivamente frío en Europa, hubo muertos. Un río de lodo atravesó una ciudad italiana. En Granada, España y en Buenos Aires, la gente caminó por las calles con el agua encima de las rodillas. Como vimos más arriba, el calentamiento global no es más que uno de los ataques del capitalismo a la naturaleza, y por lo tanto a la supervivencia de la humanidad. Hay muchos consejos de acciones contra el calentamiento, por ejemplo, usar lámparas fluorescentes, pero aunque todo el mundo lo hiciera, eso no va a detener el calentamiento global, puesto que éste y todas las otras formas de deterioro del medio ambiente son inherentes al sistema capitalista cuyo mandamiento sagrado ordena a las compañías multinacionales ganar la mayor cantidad de dinero posible en el menor tiempo posible. Hay leyes de protección del medio ambiente, pero otra de las normas del sistema es que con dinero se derrumba cualquier ley.

Si un capitalista por razones morales deja de implantar una industria contaminadora, esa no es una solución, pues la vorágine del mercado hará que otro capitalista ocupe su lugar.

El único remedio posible para frenar el calentamiento global y todo el deterioro de la naturaleza es acabar con el capitalismo. Es cierto lo que voceaban 100,000 personas en Copenhague: “Cambiemos el sistema, no el clima”.

Hago una invocación a quienes luchan por una sociedad más justa, llámense marxistas, libertarios o lo que sea, a que nos ubiquemos en la nueva realidad.

Hagamos un giro en la denuncia al capitalismo, ahora fundamentalmente debemos concentrarla en que a través del ataque a la naturaleza está exterminando nuestra especie, esto es mucho más grave que su explotación a la clase obrera o el saqueo de nuestras riquezas.

También les hago un llamado a que vean lo que está sucediendo: Las poblaciones indígenas, calificadas como las menos civilizadas, están en la primera fila en la defensa de la naturaleza y por lo tanto de la supervivencia de la especie.

Esas poblaciones, hoy día, aún aplastados por el capitalismo, están construyendo el tipo de organización social por el que nosotros luchamos. Para decirlo en las palabras del Sub: “No se trata de tomar el poder, sino de construirlo”.

Si ven esto comprenderán que una tarea fundamental de los revolucionarios anticapitalistas, debe ser la solidaridad con las luchas indígenas en defensa de la naturaleza y en la construcción de la nueva sociedad.

Marzo del 2010